EL DUELO

Estamos viviendo un desafío sanitario, social, comunitario, económico, político y cultural sin precedentes en la historia reciente de nuestro país.

En nuestra sociedad no es común hablar del duelo ni del dolor de la muerte. Vivimos de espalda a esta realidad mientras podemos y solo nos enfrentamos a ella cuando ya es inevitable.

No existe ni un solo duelo  igual a otro. Esto se debe a que el duelo se suma a todo lo que una persona es, y dado que no hay dos personas iguales, no puede haber dos duelos iguales.

Según Horowitz el duelo puede suponer una regresión intensa en la que las personas se perciban a sí mismas como inútiles, inadecuadas, incapaces o permanentemente en quiebra.

Todos experimentamos muchas pérdidas a lo largo de la vida, pero la muerte de un ser querido no tiene igual en su vacio y profunda tristeza. En muchos momentos nos parece extraño que el mundo continúe como si nada hubiese sucedido, cuando nuestro mundo parece haberse detenido. El duelo es un reflejo de una conexión que se ha roto y de aquello que sentimos en lo más profundo de nuestro ser.

Estudios recientes han revelado que un tercio de los casos que se atienden en consultas de atención primaria tienen un origen psicológico. De todos estos casos, una acuarta parte se identifica con algún tipo de pérdida significativa. Estas cifras ponen de manifiesto, por una parte, que el doliente acude a los profesionales socio-sanitarios en busca de ayuda y, por otra, que el duelo puede tener complicaciones a nivel psicológico, físico y social. Entre las posibles complicaciones encontramos riesgo de depresión, ansiedad  generalizada, crisis de angustia, abuso de sustancias y además, entre el 10-34% de los dolientes desarrollan un duelo patológico y el riesgo de muerte se incrementa (principalmente a causa de eventos cardiacos y suicidios).

A nivel psicológico, aunque el duelo es un proceso adaptativo normal, en ocasiones y ante determinadas circunstancias se complica provocando que el dolor se retrase, se inhiba o enmascare, experimentando sentimientos de desesperación, indefensión frente a la vida, depresión clínica, trastornos derivados de la ansiedad como actitudes fóbicas y pensamientos obsesivos.

El duelo es un proceso social y, como tal, el hecho de sentir apoyo y poder verbalizar y compartir la experiencia es fundamental para su resolución.

El proceso de duelo implica dos cosas, tiempo y decisión. No acelerar la experiencia de duelo, no encapsular las emociones bloqueándolas, complicando el duelo y alargándolo, por otro lado, el proceso implica decisión, voluntad, movimiento para la resolución. No basta con que el tiempo pase sino que hay cosas que el doliente puede hacer para salir adelante. El papel del doliente es un papel activo.

Podemos llevar a cabo algunas tareas que nos pueden ayudar a elaborar la pérdida:

Tarea 1: Aceptar la realidad de la pérdida.

La primera tarea del duelo es afrontar plenamente la realidad de que la persona ha muerto. La realización de esta tarea es imprescindible para seguir adelante. La negación proporciona un alivio transitorio de la realidad psicológica de una pérdida. La negación nos impide iniciar la transformación que permita seguir adelante con la vida. Aceptar la realidad de la pérdida lleva tiempo porque implica no solo la aceptación racional sino también emocional. La persona en proceso de duelo puede ser intelectualmente consciente de la pérdida mucho antes que a nivel emocional.

Tarea 2: Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida.

Reconocer el dolor y darse tiempo para sentir. Es necesario para superar el duelo que la persona exprese cómo vive y siente sus emociones, sin censuras. Las emociones pueden estar acompañadas por sensaciones corporales, también pueden aparecer trastornos de la alimentación, alteraciones perceptivas como ilusiones y alucinaciones.

Tarea 3: Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente.

De alguna manera pasamos a reconstruir la relación con lo que se ha perdido pues la muerte no acaba con las relaciones sino que las transforma, de manera que hemos de reconvertir la relación, la cual pasa a estar basada en la conexión simbólica en lugar de en la presencia física.

Tarea 4: Recolocar emocionalmente a la persona fallecida y seguir viviendo.

El poner final a un proceso de duelo es muy complejo y va a variar en cada persona.   Hablar de finalización de un proceso de duelo es hablar de la capacidad del doliente de pensar en el fallecido sin sentir un dolor incapacitante, puede haber sentimientos de tristeza pero no con la misma intensidad que antes.

Otra de las herramientas que podemos  utilizar  en los procesos terapéuticos de duelo son las cartas de despedida. Esta herramienta consiste en que el doliente escriba una carta de despedida donde exprese todo aquello que quiera, lo que ha quedado por decir, lo que tiene la necesidad de explicar, etc. Es una carta abierta, sin guión establecido. El único elemento imprescindible es que al final haya una despedida. Es un proceso duro. Esta herramienta ayuda al doliente a poner palabras a la realidad, a encontrar un lugar en su mente para la persona que se ha ido. La carta de despedida es una herramienta que puede resultar útil en aquellos procesos de duelo en los que al doliente tiene la sensación de que le han quedado cosas por decir (por ejemplo, un fallecimiento en el que no ha habido posibilidad de despedida, cuando la muerte se ha producido de manera repentina o, incluso, cuando siendo una muerte esperada, la despedida no ha sido posible).

Tras la muerte de alguien muy importante en nuestra vida podemos recuperarnos y llevar una vida totalmente satisfactoria, pero es seguro que no volveremos a ser el mismo de antes. Es muy importante darse tiempo para recuperarse de la pérdida. En muchas ocasiones, a la persona en duelo se le transmite la idea de que tiene que estar bien, que tiene que seguir adelante, que la tristeza pasa, que el tiempo lo cura todo, etc., pero hay que tener en cuenta que el proceso de duelo puede ser largo y con altibajos.

Lo más adecuado para una persona en duelo es poder recibir un acompañamiento para que el proceso  transcurra de manera natural, dejando el tratamiento psicológico para aquellas personas que presentan un duelo muy complicado o patológico.

M. F. P.